La batalla de Maratón (en griego antiguo Μάχη τοῡ Μαραθῶνος, Mache tou Marathonos) fue un enfrentamiento armado que definió el desenlace de la Primera Guerra Médica. Ocurrió en el año 490 a. C. y tuvo lugar en los campos de la ciudad deMaratón a pocos kilómetros de Atenas. Enfrentó por un lado al rey persa Darío I, que deseaba invadir y conquistar Atenas por su participación en la revuelta jónica, y, por otro lado, a los atenienses y sus aliados. Una proeza recordada en esta batalla fue la de Filípides, que recorrió el camino desde Maratón hasta Atenas para anunciar su victoria.
La fuente histórica principal de la batalla viene de Heródoto, que describe los acontecimientos en el libro VI, en los párrafos 102-117. Sin embargo, él nació algunos años después de la batalla, y se cree que escribió su libro después de la paz de Calias(449-448 a. C.). Su estilo característico es el de embellecer acontecimientos maravillosos, que toma para ser decisivos en la batalla, por ejemplo cuando dice: "El dios Pan se le apareció a Filípides en su camino a Esparta", "Hipias tiene un sueño en el cual prevé el desastre de los persas" o "un fantasma ciega al ateniense Epizelus durante la batalla". El resto de las fuentes históricas importantes vienen a partir de las últimas épocas.
En 511 a. C., con la ayuda de Cleómenes I, el rey de Esparta, la gente ateniense expulsa a Hipias, tirano de Atenas. Hipias huyó a Sardes, a la corte del sátrapa más cercano, Artafernes, y le prometió el control de Atenas si lograban restaurarlo en el poder.
Cuando Atenas exigió a Persia que entregara a Hipias para ser enjuiciado, los persas se negaron, lo que provocó que Atenas, en vísperas de la revuelta jónica (499 – 494 a. C.), enviara 20 naves en ayuda de los jónicos. La ciudad de Eretria también había enviado ayuda, aunque no sirvió de mucho ya que la rebelión fue subyugada. Esto alarmó a Darío, que deseaba castigar a las dos ciudades. En 492 a. C., envió un ejército bajo el mando de su yerno, Mardonio, a Grecia. Empezó con la conquista deMacedonia y obligó a Alejandro I a abandonar su reino, mientras que en el camino al sur, hacia las ciudades-estados griegas, la flota persa fue arruinada en una tormenta en el cabo Athos, perdiendo 300 naves y 20.000 hombres. Mardonio fue forzado a retirarse a Asia. Los ataques de los tracios infligieron pérdidas al ejército persa en retirada.
Algunas polis creyeron que una victoria persa era inevitable y desearon probablemente asegurar una posición mejor en el nuevo régimen político que era seguir la conquista persa de Atenas. Darío, deseando aprovecharse de esta situación para conquistar Atenas, que aislaría a Esparta, conquistaría al resto de los griegos en el Egeo y consolidaría su control sobre Jonia. Para esto Darío pensaba en hacer dos cosas:
- Sacar al ejército y derrotarlo en campo abierto.
- Lograr la rebelión de la ciudad para rendirse a los persas.
Para esto envió exclusivamente fuerzas navales al mando de Artafernes, que fue el que hizo el trato con Hipias, y a Datis, un medio-almirante de Mardonio para que tomara por sorpresa la ciudad.

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